Beneficios del aikido

El concepto de salud implica la ausencia de enfermedad. La cultura occidental, la medicina ortodoxa, ha considerado como enfermedad las alteraciones del cuerpo. El desarrollo de la psiquiatría permitió una mayor aproximación a las alteraciones de la mente. Pero falta una aproximación global a la unidad mente-cuerpo.

Por el contrario el concepto de salud en la cultura oriental se basa en un completo equilibrio entre la mente y el cuerpo. Sin duda es un pensamiento más avanzado que el occidental. Prueba de ello es el progresivo y cada vez más frecuente interés por la cultura oriental en los países industrializados de cultura y organización social judeo-cristiana.

Es cierto que la medicina ortodoxa, basada en el método científico, ha evolucionado espectacularmente durante la última mitad del siglo XX y es capaz de resolver problemas inimaginables hace tan sólo unos cuantos años. Sin embargo, de forma paralela a estos avances, la sociedad occidental se encuentra cada vez más enferma, si en el concepto de enfermedad se incluye la falta energía, la falta de alegría, la falta de ilusión o, en su defecto, la falta de serenidad y de equilibrio. Sin duda esto es debido a un excesivo estado de bienestar, que siempre se ha relacionado de forma inversa con la solidaridad, favoreciendo por tanto el aislamiento y la soledad, y a una escala de valores que coloca en lo más alto el logro de bienes materiales. El “querer más”, el “tener más”, genera un estado de insatisfacción permanente porque nunca se acaba de alcanzar el objetivo. Por el contrario, el desprendimiento, el desear menos, produce el efecto contrario. Es curioso como algo tan evidente no seamos capaces de interiorizarlo y mucho menos de practicarlo. La explicación radica en la tremenda influencia que la sociedad en la que vivimos tiene sobre nuestras mentes, exponencialmente incrementada por los medios visuales (televisión, cine, medios multimedia), mucho más potentes que los auditivos o que la lectura en influir sobre los pensamientos y sentimientos que condicionan nuestras actitudes. Sustraerse de ella, de la influencia de nuestra sociedad, es realmente difícil.

El principal problema de salud de la sociedad occidental es la enfermedad cardio y cerebrovascular. Constituye, con mucho, la primera causa de mortalidad, tanto en hombres como en mujeres, muy por delante del cáncer y de las infecciones. El gran aumento de la prevalencia de la misma se ha relacionado directamente con el estilo actual de vida, preferentemente con el tipo de dieta y con el sedentarismo. Sin embargo, cada vez hay más datos que confieren al estrés mayor importancia como factor de riesgo cardiovascular que una dieta inadecuada o un vida en exceso sedentaria. Adicionalmente no existe ninguna situación o enfermedad que produzca tanta muerte de neuronas como el estrés, favoreciendo por tanto, si no acaba antes con la vida del individuo, un envejecimiento prematuro. Y también deprime el sistema inmunológico permitiendo una mayor sensibilidad a la infección y un aumento de la aparición de tumores.

Urge por tanto cambiar, o al menos suavizar, el estilo de vida occidental.

El AIKIDO ofrece una oportunidad única para conseguirlo. En el nivel más elemental, el del principiante que no puede ver en él más que una serie de ejercicios de gimnasia, ya es beneficioso porque aporta todas la ventajas sobre la salud del ejercicio físico. Si el alumno sigue practicando con seriedad, aunque siga sin percibir nada más que la actividad física como tal o una mayor sensación de seguridad, continuará obteniendo los beneficios imperceptibles que toda actividad continuada y repetitiva, sea cual fuere, ejerce sobre la mente. En una fase más avanzada, cuando aprende a valorar la atención a la respiración tanto o más que a la habilidad técnica, comienza a calmarse y si es capaz de sincronizar los movimientos respiratorios con los de su compañero, empieza a entrenar, aún si ser consciente de ello, la solidaridad y por tanto a vencer el aislamiento. Y más adelante, cuando los movimientos surgen con total fluidez y uno identifica en ellos la armonía universal comienza la vía del desprendimiento y por tanto de la tranquilidad y serenidad. Pero yo eso no lo he experimentado tanto sólo lo he leído.